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jueves, 11 de octubre de 2007

Manual del Pollo

Ayer comenzó a dar sus primeros pasos.
Me pregunto si seguiré recordando tan nítidamente este día cuando vaya a la universidad o se case o simplemente se mude, como pasa en los comerciales y en las series.
Me pregunto si para entonces ya seré lo bastante madura para no querer sostenerlo a cada paso que da y tendré la suficiente inteligencia para distinguir los peligros de los que aún me corresponde librarlo.
Es tan fuerte. ¡Tiene mucha determinación! Se cae y arruga la nariz y protesta. Nosotros, siguiendo nuestra intuición y lo que hemos aprendido con algunas revistas para padres, le decimos que no pasa nada, que se levante, que va muy bien. Entonces él sigue con la nariz arrugada y protesta hasta que dejamos de hacerle caso. Sólo cuando ya no lo estamos viendo, vuelve a intentar, con una sonrisa de pillo.
Se ve que le cuesta trabajo: tiembla ligeramente, se tambalea, se concentra en mantener el equilibrio y, finalmente, avanza. ¡No debe ser cualquier cosa aprender a caminar! Y sin embargo, para él, es uno más de sus juegos.
Ese gesto es una lección de vida para los adultos. Recuerdo que alguien me decía: “tienes que esforzarte sin forzarte”, y yo quería darle con un sartén en la cabeza. ¿Cómo esforzarse sin forzarse? ¿Cómo vivir la vida como un juego? ¿Cómo sonreír cuando tienes que intentar muchas veces y ya te cansaste o te duele? Él me lo ha mostrado.
Tiene perseverancia y cabeza dura. Le gusta meterse en lugares difíciles. Ya aprendió a ponerse pecho tierra y estirar el brazo para alcanzar sus pelotas debajo de los muebles. También a avanzar en esa posición hasta conseguir su objetivo. Luego sale con la cabeza llena de telarañas de los lugares que supuestamente limpio todos los días. También se mete entre las patas de las sillas, en las profundidades de debajo de la mesa, y estudia en qué lugar ya se puede poner de pie, para que su cabeza se pegue al cristal. Desde abajo me saluda o hace por jalar la computadora que ve encima.
Diario también descubre nuevos riesgos que yo voy tapando: que si se apoya en el cristal del librero, que si quiere agarrar el detergente, que quiere chupar la clavija del ventilador, que jala los cables. Y ya le atravieso una silla, le cierro una puerta, le pongo los zapatos fuera de alcance, pero se las ingenia para encontrarlo todo de nuevo y hacer un caos.









Le da tanto gusto aprender. Es un ejemplo de alumno, pero casi no hace caso de lo que yo le enseño, más bien tiene como su propia escuela.
Desde que era más chiquito le ha gustado el papel. No sé si heredó el gusto de sus padres por los libros o simplemente es literófago. Come publicidad, revistas y páginas legales. Ya se comió un cacho de Goethe y otro de Whitman. A Pacheco y a Revueltas, sólo los chupa y los vuelve a dejar en donde los sacó. A Rulfo lo avienta. Para poner a salvo mis libros tuve que amarrar las puertas del librero que está en su cuarto porque ya descubrió cómo se abre. También le di una agenda con los bordes plateados y un separador de listón, y sí se entretiene arrugando las hojas, porque no las puede arrancar.
Le da mucha risa cuando por poquito que sea, me le escondo y vuelvo a aparecer frente a él. Tiene una risa que “cristalina” no alcanza a describir. Se parece a muchos colores y al agua fresca cuando corre bajo el sol. Me ilumina, me llena de agradecimiento, de ternura y de fe. Por eso me la paso haciendo tonterías que lo hagan reír, ¡Pero funciona mejor cuando no lo estoy intentando! Creo que es un poco burlón, igual que solía ser su abuelita Elena. Tiene ese mismo semblante serio que tanto gusto me daba ver cambiar a sonrisa y a carcajadas, aunque fuera a mis costillas.
A su papá también le gusta mucho hacerlo reír. Con frecuencia tiene más éxito que yo. Es que tiene eso salvaje que une a los hombres y luego los enfrenta. Lo sacude, le da vueltas, le muerde la panza, lo apachurra. Ayer se pusieron a jugar futbol a media noche. Al bebé le daba mucha risa que él gritara: -¡Campos!-, cuando se lanzaba a cachar la pelota. Luego ambos debieron bañarse, porque aunque fue sólo un momento, acabaron empapados de sudor y llenos de tierra.

Diario del bebé 23 de agosto de 2006

Querido bebé:

Tu mamá ha dejado pasar mucho tiempo desde la última vez que te escribió. No es excusa, pero hace falta realmente poco para que si Dios quiere, estés aquí afuera con nosotros y tu papi y yo andamos con las últimas vueltas, comprando cosas, arreglando aquí y allá, preparando todo para que no te quede duda de con cuánto amor te estamos esperando.
Por esas mismas razones tengo mucho que contarte. Hoy quise hacerlo aunque también tenemos muchas cosas que hacer y ya debería estar poniéndome lista para que salgamos a buscar la pintura para tu cuarto. Espero que te guste cómo queda porque lo hemos planeado con mucho amor, aunque nuestras técnicas son un tanto, digamos, experimentales (escucharás esto muchas veces a lo largo de tu vida futura: “a los padres nadie les enseña a ser padres”). Además aproveché que tu papi todavía no se levanta =) Hoy se va tu tía Andrea a vivir a Chihuahua y la vamos a ir a despedir. ¡Claro! Y me tengo que ir a poner una inyección de hierro para que los dos nos pongamos muy fuertes para la operación. Bueno, inmediatamente después de que termine de contarte las cosas que amanecí queriendo contarte, me dispondré a hacernos de desayunar y a descolgar toda tu ropita que lavé antier y apenas se secó. ¡Ocupa tres tendederos! Todo mundo te quiere mucho y te trajo muchos regalos al saber que ya estás por llegar. Antes de guardarla debo plancharla y doblarla muy bien en bolsitas mientras queda lista la cajonera que ocupará. Disculpa que narre de forma tan desordenada, pero es que hoy es un día emotivo. No sé muy bien a causa de qué, pero es raro que yo despierte tan temprano. Quizá se deba a que ayer por la tarde y noche llovió mucho y la ciudad amaneció melancólica. Para ayudarme y no llorar desde las primeras líneas que te escribo, puse unas canciones de Pedro Infante que es un cantante mexicano que ya conocerás y al cual siempre me alegra escuchar. Te he cantado algunas canciones de él mientras has estado creciendo. Por ejemplo, acaba de pasar una que me encanta y se llama Corazón: “Corazón, corazón, no me quieras matar corazón”, que habla de cómo llega uno a sentir tan dentro a las personas que quiere, que si ellas se van, parece que la muerte le nace a uno en el corazón.
Sé que sólo debo contarte cosas felices en este diario. Ése es su propósito: que lo leas y sepas lo felices que nos has hecho a Luis y a mí. Pero es que… “pero es que”… lo escribo demasiado y ya debo dejar la muletilla porque no le da ninguna fuerza al texto ni es propio de la licenciada en letras que es tu madre (jejejeje). Lo utilizaré por última vez, al menos en esta hoja de diario, ¿sale?: Pero es que te lo digo por una razón feliz. Ayer en la noche tu papá y yo vimos una película que habíamos visto hacía años en un cine que ya ni existe, imagínate. Desde entonces significó mucho para los dos porque se trata de unas almas gemelas que vencen la muerte para estar siempre juntas. Se llama What dreams may come. No sé muy bien la traducción pero en español la anunciaron como Más allá de los sueños. Lloramos cuando hubo terminado porque nos recordó que hemos pasado muchas cosas para poder estar juntos.
Primero tuvimos una relación que aunque nos dejó algunos recuerdos preciosos, también nos hizo mucho daño. Fue un periodo muy intenso porque éramos muy jovencitos y todo lo estábamos descubriendo. Desafortunadamente no supimos cómo enfrentar algunos aspectos. Por eso fue necesaria una separación larga y nos costó mucho volver a encontrarnos. Los dos seguíamos teniendo heridas abiertas. Yo lo busqué cuando todavía no quería perdonarme. Él llegó cuando yo ya estaba dispuesta a vender mi casa e irme a vivir a México o al extranjero, a donde me alcanzara el dinero.
Para mí significó un gran cambio de planes aceptar que volviéramos pero estaba segura y lo he confirmado a lo largo de estos meses, de que no podía ser de otra manera.
Al lado de tu papá, las palabras “para siempre” no pesan. Tomada de su mano, no da vértigo asomarse a la eternidad y decir: “sí, caminaré contigo no importa lo que pase”. Así fue como juramos amarnos ante Dios y también como te concebimos, sabiendo que es para siempre. Siempre.
No te diré que es un reto menor. Recientemente he estado muy ansiosa. Hace poquito soñé con un horizonte terrible, de montañas y montañas de agua que salían de la nada y me arrojaban contra unos arrecifes. Dice tu papá que significa que veo los “problemas” (en este caso, nuestra inexperiencia, nuestras dificultades de organización, el pavor de hacerse cargo de algo tan frágil y tan precioso como eres tú), más grandes de lo que en realidad son y que no debo dejarme atemorizar. Creo que acierta. Sé que los tres podemos hacer un buen trabajo. Nosotros, para guiarte con humildad y tú, para crecer sano y feliz. En el sueño, cuando lograba salir del agua, las enormes olas se desvanecían y el sol brillaba con fuerza.
La vida cambia muchas cosas, hijito mío. De la noche a la mañana. No puedo decirte lo que nos espera en los años venideros, ni siquiera lo que pasará en la siguiente hora, pero sí, que emprendemos esta aventura de ser tus papás estando muy unidos y enamorados, queriéndote mucho, dándole muchas gracias a Dios por haberte enviado y dispuestos a asumir lo que venga, a sostener contra viento y marea las promesas, a respetar los acuerdos que hicimos con la vida, con el cosmos, al unirmos y procrearte.

Como ya te enterarás, nuestros padres, es decir, tus abuelitos, se divorciaron. Eso quiere decir que sólo permanecieron casados un tiempo y luego se separaron. Me parece que tanto los míos como los de tu papá, aún se querían mucho cuando lo hicieron. Nosotros sufrimos mucho a causa de esos rompimientos. La adversidad nos enfrentó de diferentes maneras pero al final, las superamos. Yo creo que ese aprendizaje fue una especie de entrenamiento para esta época.
Gracias a esas circunstancias maduramos antes de lo que debíamos y aprendimos muchas cosas, entre ellas, lo valioso que es saber arreglar las diferencias antes de tomar decisiones radicales que lo lastiman a uno y a quienes uno más quiere. Aprendimos que hacerle daño al otro nos hace más chiquitos como seres humanos y, en cambio, que amarlo y respetarlo, nos hace llegar al cielo. Aprendimos (algo dolorosamente, cierto), la lección de Saint-Exupéry: “amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar amor en la misma dirección”.
Hoy cuando desperté y lo vi en la penumbra de la mañana nublada, supe una vez más cuánto lo amo, cuánto amo llevar en mi vientre al hijo de los dos, y en el corazón, la raíz de nuestra familia. Espero de todo corazón, hijito mío, que cuando seas grande también te enamores de alguien con quien puedas ser tan feliz como nosotros somos ahora.
Todas estas cosas tan bonitas que siento, quiero decírtelas pero también las escribo para mí, para que no se me olviden nunca. Quiero guardarlas muy bien porque son divisas preciosas para los momentos difíciles. Igual que las fotos y los videos que tomamos en nuestra boda y luna de miel (ya esperándote) en Cancún, y el video que hizo tu papá con nuestras fotos de bebés para proyectarlo durante tu baby shower ¡y las imágenes de tu ultrasonido que nos dicen que vienes bien y completito! Estamos haciendo un gran almacén de pensamientos felices como los que usaba Peter Pan para volar en el país de Nunca Jamás. Ahora que lo pienso bien, con el mismo fin.
Se me ocurre por ejemplo, cuando nos llegue el momento de que te vayas de la casa, quizá lejos, a estudiar, como hice yo, como va a hacer a partir de mañana tu tía Andrea. Ay m´ijito. Todo lo que nos espera. Pero como dice Pedro Infante, “con el tiempo y un ganchito…” todo nos va a salir muy bien, ya verás.
Estoy deseosa de ver ya tu carita, de tocar tus manitas, de contar tus dedos (mi mamá decía que era necesario, igual que revisarte por debajo del pañal, así que disculparás la poca discreción que reine en nuestro primer encuentro =) Quiero olerte, abrazarte, darte de comer, arrullarte.
Me han platicado tantas cosas lindas sobre los bebés. Mi tía dice que nunca olvidará la primera vez que se dio cuenta de que su hijo la miraba. Se quedó un buen rato observándola, luego le puso las manos sobre la cara y se rió con ella. Tu abuelita Ceci nos contó cómo fue la primera vez que bañó a tu papá. Dijo que su cuerpo parecía hecho de gelatina y que tenía pavor de hacerle daño. Por eso lo lavó y secó con mucho cuidado pero se tardó mucho y los dos acabaron bañados. Añadió que quizá por eso se traumó y a partir de entonces ya no le gustó bañarse =)
Cuando las madres me cuentan sus historias, veo cómo les brillan los ojos, cómo se transforman, veo cuán únicas y divinas son. ¡Somos! =) Yo también ya tengo mis propias experiencias de mamá. Como ahora que estoy alistando tu maleta de Tigger que llevaremos al hospital, con todas esas cosas chiquitas verdes, amarillas y azules, con todos esos sueños. Eres tan hermoso que aún la espera de ti es hermosa.
Nos haces muy felices, pequeñito. Te queremos con toda nuestra alma.

Llega pronto pero vente con cuidadito. Aquí te esperamos.
Con mucho amor, tu mami


Pd. Al terminar de escribirte escuché este verso, que tiene tanto que ver contigo: “Te quiero así, así, así, como una cosa santa, que se lleva en el alma como un rayo de luz”.

Diario del bebé 21 de diciembre de 2006


Hola Bebé:

Ahora escribo más apurada aún que la vez anterior. Son las 7 de la mañana, así que duermes en mi cama, después de que te di pecho. ¡Estamos a unos días de la Navidad! Es tan emocionante, estar los tres juntos, ¡por primera vez! Hay que limpiar, adornar y levantar las cosas que se desordenan cuando desarrolla uno las anteriores actividades.
Ayer pusimos el árbol, bueno, la mayor parte la puso tu papá porque resultó que tiene muy buena mano para las manualidades. Te tomó unas fotos con las luces en donde te ves precioso, pareces un angelito jugando con las estrellas. Estabas bien entretenido con la musiquita de Navidad y el parpadeo de las lucecitas. Te encantó todo el relajo. Hoy te vamos a adornar como año nuevo: antes de bañarte, te envolveremos con un listón dorado J Es maravilloso el asombro, mi amor, es maravilloso volver a él tomando una de tus manitas.
Te siguen dando muchos regalos. El más grande hasta el momento sigue siendo un gimnasio musical que te encanta, te pasas mucho rato con él, pegándoles a los muñequitos para que den vueltas y viendo las luces de colores del teclado que está encima.
Para tus tres meses, estás de lo más despierto. Platicas mucho y te ríes a carcajadas. También tienes mucha fuerza en tus brazos y piernitas. Sigues siendo muy hambriento y batallando para hacer popis, pero el médico dice que es normal hasta que empieces a comer tus papillas.
Tienes unos ojos grandes y bellos. Tu tía July dice que pareces una foquita de lo lindo que estás. Pesas unos 7 kilos y mides como 62 centímetros.
Ya te compramos tu ropa de Navidad: un ajuar de pana (chamarra y pantalón) y una camisita de franela. ¡Tienes muchos zapatos! Siete pares.
Amigza, una amiga de Xalapa que ya conocerás y que es súper, te compró un overol y una playera con las que te ves lindo, lindo. La tía Luli no para de traerte cosas y de abrazarte y decirte lo mucho que te quiere. Hasta Eder, mi primo y tu tío se puso celosillo, pero bueno, a ella le sobra cariño para todos.
El día de mi cumpleaños, el Papi, o sea tu abuelito, te trajo 500 pesos y te los puso en tus deditos para que te dé buena suerte con el dinero.
Todos te adoramos, criatura. A todos nos haces muy felices. Eres risueño y de sangre ligera. El abuelo Mario te enseñó a jalarte el babero y aprendiste en un microsegundo y ahora no hay manera de que te lo dejes puesto. Te ríes si te hacemos caras o cosquillas. Ya sabes pedir que jueguen contigo, y en eso no hay quien le gane a tu papá. Es de lo más divertido. Nos morimos de la risa los tres.
Estamos felices, mi amor. Dios nos ha bendecido y tenemos que darle muchas muchas gracias en esta época en que celebramos que nos mandó a su hijo para salvarnos. Pienso que tenerte, y te aseguro que no es una blasfemia de ninguna manera, me ha acercado un poco a comprender más a Dios. Antes me peleaba a menudo con él. Me enojé mucho cuando se llevó a mi mamá y duré estando así, enojada. Pero tenerte y conocer este amor que es más grande que cualquier cosa que pudiera haber imaginado, contemplar esta belleza infinita, sentir cómo se atan los lazos para la eternidad, cambió toda la perspectiva que tenía. Te veo, tan pequeñito y simplemente sé lo que Dios quiere decir con cuidar siempre, con perdonar siempre, con amar siempre. Cuando lloras porque quieres algo, yo trato de explicarte que te calmes, que ya estoy haciendo tu mamila, por ejemplo, pero tú sigues llorando hasta que te la doy. Pienso que así Dios nos dice: “calma, calma, pérate tantito, todavía no te lo voy a dar porque no te conviene” y nosotros lloramos y lloramos y no nos damos cuenta de que lo mejor ni siquiera lo esperamos y que jamás vamos a comprender todo el amor que contiene cada hecho del mundo. Quizá no lo expresé bien, pero la idea es ésa. Estoy mucho más contenta con mi concepción de Dios y agradecida de que se me haya revelado de esta forma el amor divino.
¡Me enseñas tanto, hijo mío! Esa confianza que tienes en los que te cuidamos y esa tranquilidad que irradian tus ojitos, me da la certeza de que así debemos ser todos los humanos, confiar, esperar y no preocuparnos por nada porque somos hijos de Dios y él siempre provee y guía nuestras manos para darte lo que necesitas.
Este año, llevaré a la misa de Nochebuena mi petición de mucha salud para nuestra familia, que es lo que más cuenta, que permanezcamos juntos y felices; ofreceré a cambio toda mi buena voluntad, toda mi obediencia, toda mi humildad. Se las ofreceré a Dios para que las ensanche, para que sean suficientes para siempre volver al camino a tiempo, para siempre sonreír a tiempo.
Mírate, ahí estás. Dormidito. Los tiggers y los puerquitos de tu playera se ven desde aquí. Estás todo de azul y dormidísimo. Vas a tardar un ratito en pedir tu mamila de la mañana. El pecho te hace mejor, pero para sustentarte bien quieres mi leche y la fórmula. Te hace muy bien dormir tanto. Te levantas de buen humor y te ríes desde que apenas estás abriendo tus ojitos. Te encanta despertar y ver que estamos contigo, pero si no, te quedas tranquilito viendo tus ositos del móvil y despacito empiezas a hablar: “mmmmm, mmmm, ma, ma”. Entonces yo voy y te encuentro ahí despierto y quieto y te lleno de besos y de abrazos y tú te ríes y yo soy la más feliz del mundo.

En tu sonrisa caben todos los amaneceres, todos los árboles florecidos, todas las tersuras, toda el agua fresca, todo el viento. Te amo tanto, te amamos tanto.


Tu mami

Diario del bebé 15 de octubre de 2006


Hola otra vez bebé:

La vez anterior que te escribí, dejé el texto a medias. Salí por un refresco y cuando volví, ya estabas despierto, así que me puse a atenderte. Nuevamente estás acostado a unos metros de mí, en la sala. Eso es porque ahora ya te acomodas en tu portabebé y te gusta que te mezamos en el reposet. También tu papá está durmiendo aquí, pero en el piso. Yo tengo que hacer mi currículum, pero insisto en que ya está hecho en alguna parte y sólo hay que encontrarlo para llevarlo mañana a una entrevista. Después te contaré cómo me fue.
Te acabas de dormir. Emprendimos a media tarde una expedición a la Plaza Forum con el fin de pasear un poco, comer y estar gratis en el clima porque siguen los calorones que parece Semana Santa. Pero no salió muy bien. Parece que el resto de la ciudad tuvo la misma idea. Nos engentamos y no nos pudimos sentar una sola vez. De regreso nos venimos caminando y fue un show porque hubo que pasar por encima de unas obras medio raras que están haciendo. Estamos adoloridos y cansados pero contentos de estar ya en casa los tres juntos. Te portaste muy bien. Aceptaste nuestra brillante idea de meternos a ese lugar atestado con mucha entereza. Luego te tomaste tu leche, eructaste, hiciste popó dos veces, te di pecho en el baño. Ante todo, te mostraste a la altura.
Yo quisiera cuidarte siempre y evitarte todos los peligros, pero no es posible y tú tienes que hacerte más fuerte. Primero no te quería llevar a ningún lado. Fue muy duro. Sé que te suena ridículo, pero qué quieres. Ya verás cuando tengas hijos. A últimas fuiste y lo peor que te pasó fue que ya de vuelta en casa, lloraste mucho y hubo que pasarte un huevo. Ahora trato de permanecer tranquila aunque piense que algo te puede pasar si te carga otra persona o si te miran, o si lloras mucho y no sabemos por qué. Es difícil. Yo daría lo que fuera por que no tuvieras cólicos, ni batallaras para hacer popó, ni se te calentara tu cabecita con la mala vibra de la gente. Y cada lágrima tuya, te aseguro que es como de ácido sobre mi corazón. Quisiera envolverte en un capullo gigante y que no te pasara nada malo nunca. Y cuando te veo tan plácido durmiendo… No te preocupa nada ni te atemoriza nada, y eres la imagen de la paz, de la felicidad, de la confianza plena en los que te cuidamos y te queremos.
Quiero estar a la altura de esa confianza.
Cuando tienes hambre, sólo te acerco un dedo al piquito que tienes bajo el labio superior y curvas tu boquita para sorber lo que sea. Eres tan pequeñito y estás tan a nuestra merced. No sabes de nuestra inexperiencia, no nos reclamas cuando nos equivocamos y te damos más o menos leche de la que debías tomar. Sólo lloras y lloras, esperando que Dios nos ilumine y te entendamos lo que quieres. Te acomodas en mi regazo o sobre mi pecho y te quedas dormidito, eres un ángel. Te quiero tanto. Te abrazo y te beso muchas veces al día. Supuestamente eso ayuda para que te desenvuelvas con seguridad, yo lo hago porque no puedo evitarlo. También te tomamos muchas fotos. Tu papá baila contigo y te canta. Yo te canto canciones para niños, algunas que me sé. Luis prefiere cantarte las que le gustan a él. Te nos quedas mirando con tus ojos luminosísimos y poquito a poco te duermes. Tus párpados parecen alas de mariposa. Esa mirada que tienes haría sentir impuro al más justo de los hombres. Es tan fácil mirarte a los ojos. No sé qué verás tú en los míos cuando lo hago. Pero levantas tus cejitas y duras viéndome mucho rato. Cuando te doy pecho, a veces lo tomas con mucha calma y te vuelves a dormir. Pero otras, te enojas porque no sale fácil como de la mamila, lloras y hay que darte fórmula. Pero de cualquier manera es hermoso. Es como cerrar el mundo y meternos en otra dimensión nosotros solitos. Me pones tus deditos en el pecho. Observo tus manitas cruzadas. Todos tus sentidos están despiertos en ese momento.
También te gusta bañarte con agua calientita de noche. Después tomas tu mamila y duermes hasta la madrugada. A mí me encanta bañarte. Tu papá me ayuda en todo y luego te viste. También te lleva a pasear porque luego no puedes conciliar el sueño. Te arrulla. Te quiere mucho, me enternece verlo junto a ti. A veces se ponen igual para dormir. Te pareces mucho a él. Están guapísimos los dos.
Ahorita no tardas en pedir tu mamila de las 12. Así que ya le voy a dejar aquí y trataré de hacer mis reportes en intervalos menos largos y contarte más cosas de lo lindo que eres sin meter “eres tan lindo”, cada cinco palabras.

Te adoro, Pollito
Tu madre

Diario del bebé 14 de septiembre de 2006

Hola bebé:

En este momento estás durmiendo en la sala a unos metros de mí. Tu papá te tapó aunque hace mucho calor, porque hay moscos.
Te recibimos hace 12 días. ¿Sí está bien hecha la cuenta, verdad?
Yo estaba aterrorizada cuando entré al quirófano. Fue algo dolorosa la operación, debo decir. Pero en cuanto te escuché llorar y vi que te traían conmigo ¡Todo se borró! Sentí como un calor que me envolvía toda y el corazón que se salía deseoso de mostrarte el que será tu hogar para siempre.
Ahora que te tenemos aquí, hay mucho por aprender. Para empezar, hay que aprender a quererte. No debemos malcriarte ni tampoco dejarte abandonado. Tiene que ser con medida todo. Tratamos de que duermas en tu cuna, para que no te acostumbres a nuestra cama y luego, ya que estés más grandecito, te puedas mudar a tu habitación.
Todo lo que tiene que ver contigo tiene que ser cuidadoso y concienzudo. Bañarte, curar tu ombligo, cambiarte de pañal, hervir tus mamilas.
Darte de comer por primera vez de mi pecho, fue toda una proeza. ¡No querías! Llorabas y llorabas. Pero llegó tu tía Tanya con sus métodos rudos y te obligó a agarrarlo, lo cual le agradecí mucho, porque desde entonces tenemos una forma de comunicarnos que no implica más que la proximidad de nuestros cuerpos, la respiración y el brillo de tus ojos.
Te levantas mucho de noche y lloras. Yo digo que porque eres comelón y quieres pecho a cada rato. Tu papá dice que es porque quieres que te estén haciendo caso, así que se queda jugando contigo y ya después te explica por qué tienes que volver a tu cuna.

Diario del bebé 1 de septiembre de 2006


Hola hijo de mi vida:

Te sigo diciendo bebé, pero la verdad es que ya tienes un nombre desde que tenías como cuatro meses en mi panza. Como creíamos que serías niña, tu papá dejó que yo pensara mis posibles nombres. Escogí Isla Elena. Isla hacía referencia a Isla Mujeres, que es el lugar más hermoso que he conocido hasta ahora. Elena, por supuesto, a tu abuelita materna que ya falleció. Él no estaba muy de acuerdo porque le sonaba medio raro, pero yo estaba fascinada desde que conocí precisamente en Isla, a una niña que se llamaba así y reflejaba toda la luz y la belleza de ese lugar que ya conocerás el próximo año si Dios quiere. Me dijo que me dejaría ponérselo si aceptaba yo usar bikini en Cancún durante nuestra luna de miel ¡Para entonces ya tenía yo seis meses de embarazo! No tendrás que imaginar cómo me veía porque hay fotos. Cielos. Acepté porque la verdad era lo más cómodo (los trajes de baño para embarazadas te hacen lucir como ballena o carpa).
Antes de irnos ya sabíamos que eras niño y habíamos empezado a hacer la nueva lista de nombres. Hubo varios. Hasta Facundo, por la tía favorita de tu papá; Alejandro, por mi papá, y Víctor, porque sonaba chido. También Diego, pero tu tía Lucy me dijo que significaba “el que miente”, y desde entonces lo descartamos.
No convencí a tu papá de que “Protector de los hombres” era el mejor nombre que podías llevar. Se negó a que te llamaras Alejandro, por un Alejandro que le caía mal. Entonces quedamos en que si no encontrábamos ningún otro que lo convenciera, te llamarías igual que él: Luis Alfonso.
Busqué en internet y entonces comprendí que su carácter combativo no es gratuito. Luis, que es una variante del germano Ludovico, significa “guerrero famoso en el combate” y Alfonso, “guerrero siempre dispuesto para el combate”.
Ahora no hay más que hacer, justamente debido a tales cualidades suyas, pues su determinación de que te llames así es inamovible J
Si Dios quiere mañana a las 9, el doctor te estará trayendo al mundo, mi amor.
Tu papá y yo estamos muy contentos. Tratamos de calmarnos el uno al otro, porque la excitación es mucha, las variables a tener en cuenta, todavía más, y las complicaciones familiares no cantan mal las rancheras. Figúrate. Y eso que no tienes abuela materna. Este día tu papá me dijo que me dedicara a relajarme, pero francamente resulta difícil y estoy levantada desde las cinco y media de la mañana. Ya arreglé nuestras cosas para el hospital y luego para la mudanza temporal con tu bisabuelita (mi abuelita paterna, que se llama Aurora y ya desde ahorita te quiere mucho). Recogí la casa, lavé los platos, hice la cama, doblé la ropa y tomé un desayuno ligero. Después de escribirte me pondré a hacer los dibujos que faltaron para tu cuarto. Confío en que me dé tiempo de terminar antes de las cinco que llegue tu apá, con tu cunita. Apenas la vamos a armar, ¿tú crees? No pienses que no te esperamos con ilusión ni que somos unos desprevenidos, aunque a veces sí lo somos, pero lo que pasó es que tienes dos cunas: una viajera y una de las normales. La que hacía falta traer de casa de la abuelita de tu papá era la grande. Así que hoy en la tarde dispondremos tus dos cunas una aquí y otra en casa de la citada bisabuelita tuya.
Ayer lavé unas sabanitas que te regalaron con un shampoo de telas para bebé que también te regalaron. Tuviste dos baby shower y en ambos te dieron montones de obsequios. Los miro todos con tanta alegría ¡representan lo mucho que te quieren muchas personas! Además son tan lindos y muy útiles. Todo tan delicado, todo tan chiquito y enternecedor.
La verdad creo que yo quería tenerte desde hace tiempo. Desde que tu papá y yo nos hicimos novios en la prepa. Pero tenía miedo y además no era el momento. Gracias a Dios nos esperamos y ahora que somos un poquito más maduros, podemos recibirte mejor y ofrecerte lo que hemos aprendido en nuestros 26 y 23 años de vida, respectivamente J
Siempre pensábamos en ti y hacíamos planes. Esos planes, que en un tiempo creí perdidos, ahora se están haciendo realidad de maneras inesperadas. Somos muy felices y estamos ansiosos de verte, de abrazarte, de besarte.
Por mi parte he imaginado cómo se sentirá tu corazón una vez que esté afuera de mí, porque hasta ahora ha ido a compás del mío, aunque a un ritmo más acelerado. Cómo se sentirá tu aliento en mi pecho. Cómo olerás y cómo te verás con los ojos abiertos y cerrados. Sólo nos separan unas horas. Aunque bueno, eso es un decir, en realidad “seremos separados” en unas horas.
No me acuerdo dónde me enteré de que durante la primera o primeras semanas de vida del bebé, él no sabe que es un ser diferente de su mamá. Cree que sigue siendo una parte de ella y la primera etapa de su maduración psicológica incluye que forme su identidad. También supe, bueno, eso en la escuela, que durante unos días también, eres capaz de diferenciar las lenguas distintas en que te hablen. Llegado cierto punto, elegirás una que tu cerebro empezará a abstraer y que será tu lengua materna. Normalmente esa lengua sí es la que habla tu mamá. ¿No te parece increíble?
Desde la concepción hasta el nacimiento, todo es magia. Todavía no dejo de echar pestes contra un tarado que escribió que nuestro país presenta atraso científico porque la gente sigue creyendo en los milagros. Haz el favor. Pero bueno, no tiene caso hablar con gente que nunca ha presenciado un milagro. Su corazón está seco y sus ojos no pueden mirar en otras direcciones que las que ellos mismos deciden que son “reales”.
Nunca dejes de creer en los milagros, amor, porque tú eres uno.
Y luego del nacimiento, la vida. Tampoco me acuerdo dónde vi esta frase: “La vida es el verdadero misterio; comparada con ella, la muerte no encierra ninguno”. ¡Y la vida es el mayor de los milagros!
Recuerdo los primeros días de mi embarazo, cuando empecé a tener asco por la comida grasosa y dejaron de gustarme cosas que antes me encantaban. Cómo rechacé el cigarro y el alcohol, aunque todavía no eras una certidumbre. ¿Ves que sabiduría de la vida, de la naturaleza? Le tomó siglos a nuestra especie desarrollar esa sensibilidad ¿Quién es capaz de no ver en ello la magia?
Soy tan feliz de escribirte. Tan feliz de tenerte y de ser tu mamá. De no tener idea de cómo demonios nos las vamos a arreglar para educarte y hacerte “un hombre de bien” (broma, significa “hacerte feliz”).
El mundo empieza con cada vida. Eso no es mío, no vayas a creer. Es de Octavio Paz, que es un señor que trabajaba como poeta y sabía muchas cosas con el corazón. Con cada niño que va a nacer se repite la primera historia del mundo. Los padres son, somos, Adán y Eva, la primera semilla y la primera tierra.
El instinto nos nace de vetas inexploradas. Nos convertimos en los primeros hombres, que no sabían nada, que lo temían todo, que se arrodillaban cuando salía el sol o cuando el relámpago incendiaba los troncos secos. “Usted llega a sentirse eterno, de tanto y tanto asombro” (hoy ando muy citadora, de ésa sí me acuerdo también, es de Benedetti).
En fin hijito, que estoy muy contenta y quería escribírtelo antes de que llegaras porque después a lo mejor no hay tiempo. Todo mundo nos dice que ahora sí vamos a saber lo que es bueno, que ya veremos lo cansado que es atender un bebé, que no vamos a volver a dormir ni a salir ni a vivir igual. Pues claro que no. Qué clase de gente. ¿Tan mal les ha ido con sus hijos que sólo cuentan lo malo?
Nosotros preferimos escuchar a los más positivos, que nos dicen que uno no se va a morir por desvelarse, ni por no haber bañado o cambiado nunca a un bebé porque nadie nace sabiendo y hay que aprender sobre la marcha. Con ayuda de Dios, de tu papá y de otras madres, te atenderé con todo mi amor, bebé. Prometo hacer mi mejor esfuerzo. Espero que te guste tu cuarto.
Te adoro. Nos vemos mañana.

Tu mamá.

Pd. Sé que hacerse expectativas no sirve para nada. No porque de cualquier manera, al final, las cosas pueden salir mejor o peor, desilusionar o envanecer, sino porque son un equipaje pesado, y de veras, no sirven para nada. Así pues, te amo con todo mi corazón y me alisto para recibirte como Diosito te haya mandado, mi amor, sin expectativas.